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Dérive

Hacía tan solo 24 hs que había llegado a Londres. Mi departamento era un caos, la tranquilidad no se encontraba ni en una esquina. Había cajas de mudanza hasta arriba de la mesada, bolsas de ropa y una pila de papeles, que ya no sabía si era mi currículum o el contrato del lugar, tirados por el suelo o dentro de las alacenas. Y ni hablar del gato, que anda a saber ahora en qué caja se metió.


—Chimuelo!! ¿Dónde estás? —grite, desesperada. «Genial, el gato no se digna a aparecer». —Chimuelo!! —dije nuevamente— «Debo parecer una loca llamándote».


…Yo no necesito vacaciones, ni dolores de cabeza. Solo me basta con mis amigos y un traguito de cerveza…


«Perfecto, ¿y ahora quién llama?»

—Hola, ¿Quién habla? —dije, en tono seco y sin muchas ganas.

—¿Es usted la Señorita Swan? —dijo la voz de fondo.

—Sí, soy yo —dije rápidamente— ¿Quién habla? —volví a insistir.

—Habla Minerva, una de las secretarías de Karmarama. Queríamos confirmar si sigue usted interesada en el puesto.

—Si! ¡Por supuesto que sí!, sigo más que interesada. «Mierda, que se me notara la emoción nomás»

—Perfecto, nos alegra oír eso. —dijo con una risita de fondo— ¿Podría acercarse hoy alrededor de las 16 horas?

—Si, desde luego —dije queriendo sonar un poco más seria.

—Buenísimo, nos vemos esta tarde! —y colgó la llamada.


«Excelente, el departamento es un desastre, no sé dónde está Chimuelo ni en qué bolsa está la ropa. Ya son casi las 14 hs y tengo media hora de viaje. Raios, espero llegar a tiempo».


Una ola de adrenalina y desesperación se apoderó de mí. Desde la cocina hice una vista panorámica; al frente, el living con el juego de sofás grises y la mesita marrón crema junto a los ventanales que dan al balcón, todo lleno de cajas aún cerradas y embaladas. «Deben de ser las cosas de vidrio de la cocina». A mi izquierda, la mesa para seis del comedor y el sillón beige debajo de las escaleras repleto de bolsas de consorcio. «La ropa». De un salto me levanté de la mesada y corrí al sillón, de la poca paciencia rompí la primera bolsa de consorcio que agarre y desparrame la ropa sobre el resto de las bolsas. «Maldición, son las prendas de verano». Tomé una bolsa nueva y repetí la acción. «La ropa de oficina, esto puede servir». Cogí lo primero que vi, unos jeans claros, una camisa rosa y el saco beige. Subí corriendo las escaleras y entré a la pieza, no había más que colchas desparramadas por la cama, y zapatos por el piso, me tire encima de ellas cuando se escuchó un gruñido, «mierda Chimuelo», pegue un salto, tome las frazadas y las tire al suelo. «Perfecto, las sábanas están repletas de pelos». Agg, ya está, más tarde las pondré a lavar ahora me tengo que cambiar e ir. Procedí a ponerme el jean con la camisa y el saco, y aprovechando que estaban a mano los tacos, agarré un par negros y cerrados, aumentaban mi altura unos cinco centímetros. Me terminé de vestir y me dirigí a las escaleras, las cuales bajé entre apurada y tratando de no matarme.


Fui derecho a la cocina, y empecé a revisar los papeles que estaban sobre la mesada, por si acaso llevaría una copia de mi currículum y el porfolio con mis logros. «Mierda, se que tienen que estar por acá». Comencé a desesperarme y asustada por no encontrarlos empecé a abrir los estantes de la cocina. Arroz, leche, fideos, barritas energéticas «debería comprar granola», papeles!!. Baje los documentos a la mesada y me puse a revisarlos, acta de nacimiento, no la necesito, fotocopia del DNI, la llevó por si acaso, pasaporte, no es necesario, ciudadanía, no me hará falta, currículum «ahora falta el portfolio» lo tome y lo aparte del resto de los documentos, los cuales seguí revisando unos minutos más hasta encontrar la carpeta que contenía el portfolio. Guarde los documentos necesarios todos juntos para no perder ninguno.


Del bolsillo trasero tome el celular para revisar la hora, 15:10, «mierda tengo que salir ya». Con la carpeta en brazos, y esquivando cajas, me dirigí a la puerta. Tomé las llaves que estaban colgadas a un costado, salí y cerré. Mientras esperaba el ascensor me mire en el reflejo y acomode mi medía coleta «Vos podes Alai». Se abrieron las puertas e ingresé tratando de no caerme, con la mano temblorosa apreté el botón de la planta baja y al cabo de unos minutos estaba en la recepción. Me asomé a la vereda y una briza muy leve golpeó en mi cara al mismo tiempo que un escalofrío invadió mi cuerpo, las ramas de los árboles zarandeaban con el viento mientras que las nubes se reunían para lanzar una tormenta. Con pasos firmes me acerqué a la calle para poder parar un taxi, al cabo de unos minutos lo conseguí.


—Hola, buenas tardes! A Karmarama por favor —dije «Con lo bajo que hablo espero me haya escuchado bien».

—Buenas tardes, tardaremos un poco, el tramo de Shaftesbury Ave a High Holborn tiene bastante tránsito —dijo.

—Está bien, no hay problema —dije, tratando de conservar la calma «voy a llegar, voy a llegar».


A medida que el auto avanzaba, la brisa ligera de hacía un ratito pasó a ser moderada, el polvo arrasaba con las veredas de Londres y poco a poco la ventana se fue llenando de pequeñas gotitas de agua. A través del vidrio se desfiguraban los edificios y, apenas se podía observar como las aves revoloteaban a las apuradas para ocultarse bajo los árboles. Al cabo de un rato el auto frenó frente a la entrada de Karmarama, le pagué al chófer y me despedí. «15:50, llegué sobre la hora». Por unos segundos o minutos, me quedé ahí, juntando valor para entrar mientras observaba los ventanales del edificio y sus luces fluorescentes; a la vez que, gotas de agua poco a poco me empapaban. Una vez tomado coraje me asomé a la puerta giratoria y empuje, a medida que avanzaba no pasaba el tiempo, de golpe se sentía el ambiente cálido, el olor a café y el entusiasmo que invadía el lugar «lo vas a lograr».

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