Epifanía
- BooksBuss

- 22 jun 2022
- 2 min de lectura
No discutamos en la oscuridad. Fueron las últimas palabras que le oí decir, el resto se dispersaron el el aire junto al ruido que dejó la Yamaha V-Max 1700
Eran las ocho de la tarde/noche, íbamos caminando por la avenida Corrientes, camino a buscar a su hijo más pequeño, él es más apegado a mi, y cada vez que me ve viene corriendo a mis brazos, la verdad que me gané el cariño de esa pulguita morocha y de sonrisa pícara. En cambio, su hermano mayor obviamente prefería a su padre -el tenía el recuerdo aún más presente de su madre-, cómo no iba a ser esto posible si Damián era su cómplice, y lo consentía en todo.
Cruzamos la avenida para agarrar por la calle Agüero pensando que así llegaríamos más rápido, si Mateo nos seguía esperando se iba a impacientar. Sugerí agarrar por calle Gallo porque había una avalancha de personas. Damián me siguió, pero a los segundos ya no lo veía, empecé a buscarlo en medio de la gente, me estaba desesperando, me di vuelta para volver hacia la avenida, y ahí lo vi. Estaba con una mujer, ella tenía los mismo rasgos que Mateo, bajita, morocha y con una sonrisa que le alumbraba los ojos, pero era imposible que fuera la madre de los chicos, ella había sufrido un accidente hace un par de años.
Toqué su hombro, cuando me miró se lo veía asustado, pálido, como si detrás suyo hubiese un fantasma, no entendía nada y no era el único. Empecé a hacerle preguntas, me las evitaba. Levante el tono de voz y ella también lo hizo, como si quisiera explicar las cosas cuando se supone que ella debería de estar muerta. Damián nos pidió que no discutiéramos, que estaba oscureciendo, después de eso solo hubo silencio.


Comentarios